VINICIO MOMOLI "FERMENTO CROMÁTICO"

Exposiciones

Inicio 20-11-2018 - Fin 20-12-2018

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La pintura como fermento – magma cromático

La historia del arte contemporáneo en Italia tiene dos picos de resonancia internacional. EL primero se produjo con el cambio de siglo, iniciado ya el siglo XX estalla la revolución cubista y con ella el “Futurismo”, a partir del manifiesto de Marinetti, publicado en París. Curiosamente, fueron dos críticos y teóricos italianos quienes crearon denominaciones para encuadrar las nuevas formas de expresión artística surgidas a partir de los sesenta. Germano Celant agrupó en torno a su definición “Arte Povera” a toda una generación de artistas, italianos o no, cuya ruptura con el arte vigente se manifestaba a partir del uso de materiales no habituales, no pictóricos.

El siguiente movimiento fue denominado “Transavanguardia” por Bonito Oliva. Fue a finales de los setenta y supuso una vuelta a la pintura, al uso de materiales y lenguajes pictóricos clásicos. Sin embargo, no fue éste un movimiento uniforme, sino la tendencia de un marcado grupo de artistas que, de forma individual, rompieron con la estrategia “povera” cuyo dominio en el circuito artístico contemporáneo fue absoluto. A esta forma expresiva de entender el arte se ubica la pintura y la escultura de Vinicio Momoli.

No sería justo simplificar el trabajo de Momoli únicamente desde la perspectiva pictórica, en el sentido expresado anteriormente de recuperación. En efecto, su trabajo recupera la pintura como elemento básico y a modo de fermento para desarrollar su creatividad. Aunque no solo de pintura se nutre su arte, por ejemplo, la incorporación de materiales industriales como el metacrilato, la madera, tela y cuerda o el caucho, resultan una interesante simbiosis entre ambas tendencias. Por un lado, la pintura le acerca a la “Transvanguardia” y por otro, los materiales industriales un aire “povera”, cuyo resultado nos acerca a un lenguaje sólido, personal y bien definido.

El uso del color, empastado y compacto, crea masas de pigmento, como emulsiones volcánicas, desde las cuales aparecen, como indicios, pequeñas incrustaciones de color, intenso y brillante, de una incandescencia reveladora, de una tensión plástica que el artista lleva al desgarro, producto de la tensa amalgama plástica.

Obra sin concesiones, la pintura de Vinicio Momoli propone una relectura de los cromatismos y del espacio pictórico. En algunas piezas, la pintura parece suspendida desde una parte del cuadro y en otras, la pincelada, sería mejor decir, el empaste, es solo una sugerente gota de color emulsionada sobre el soporte para establecer un sencillo diálogo de claras connotaciones minimalistas, no por subscripción a esa tendencia, sino por su sencillez y elegancia.

Las novedosas piezas tridimensionales con vocación escultórica, permiten una mirada a 360º, configurando una contemplación espacial en la que el espectador puede desvelar, si envuelve con su examen la obra, visiones diferentes de una misma obra y comprobar como el arte, en este caso de Vinicio Momoli, no solo es una explosión plástica, también dinámica. 
Biel Amer - Crítico de Arte